Del suprematismo al kinimalismo
Si el suprematismo expresa la forma conceptual más elevada del arte visual, el kinimalismo regresa a su forma original no objetiva, separándose de su base materialista. El kinimalismo se declara a sí mismo un arte idealista completamente autónomo, presentándose como una descripción matemática precisa de vectores. En otras palabras, es la expresión de la base originaria de la obra, de aquello que la engendra. Este enfoque abre nuevas posibilidades no solo para la percepción y el almacenamiento de las obras, sino también para su interpretación acorde al contexto.
Las obras suprematistas materiales se ven obligadas a existir dentro de una forma: lienzo, pinturas, dimensiones, lo que de hecho las inscribe dentro de los límites de la forma material, heredando así su objetividad y fragilidad. Las formas materiales, debido a su existencia efímera, tampoco pueden representar el movimiento constante. Sin embargo, el movimiento puede expresarse matemáticamente, como la obra misma, e interpretarse de este modo en cualquier momento. La descripción del movimiento de los vectores no exige que la base de la obra sea dinámica en sí misma, de modo que, a pesar de la naturaleza estática de la descripción matemática, su interpretación permanece en perpetuo movimiento.
Gracias a su naturaleza informacional, las obras kinimalistas pueden extraerse por completo de la interpretación del mundo material y existir como ideas puras y precisas. Basta con aprender la descripción matemática de la obra como un poema para que permanezca en la memoria: puede ser un texto breve totalmente idéntico a la obra original.